La verdadera crisis del largo plazo es la crisis de la competitividad.
La competitividad y la contención del gasto público son las únicas vías para asegurar la robustez de un país frente a las crisis de su entorno.
Una España decadente
Las causas de la gran crisis mundial que nos ha tocado vivir son bien conocidas y son numerosos los analistas que han escrito sobre ellas. De esta forma, es unánime el criterio que invita a los estados a fomentar el consumo privado, ya que es de todos conocida la repercusión que éste tiene sobre el PIB de un país.
Aunque el consumo en España resulta difícil en la situación actual, ya que las tasas de desempleo se sitúan en máximos históricos y además el crédito no llega a las empresas, es muy importante tener un criterio claro acerca de qué tipo de consumo ayuda a los españoles a salir de la crisis y cual nos perjudica, ya que esto no lo tenemos nada claro. En otras palabras, no vale sólo consumir, sino que los consumidores debemos tener en cuenta qué debemos consumir para ayudar a mejorar el resultado global de nuestro país (de esto hablaremos más adelante).
Por otra parte, desde hace algunos años, España es un país de déficits. Tenemos déficit presupuestario (gastamos, como país, más de lo que ingresamos) y además tenemos una balanza comercial también deficitaria (la suma de lo que compramos a otros países es mayor que la suma de lo que les vendemos) y lo peor, esto se va acumulando año tras año. Es decir, que si realizamos la analogía con una empresa, tenemos una cuenta de resultados negativa (perdemos pasta) con un balance en el que la cuenta de proveedores aumenta año tras año mucho más, en proporción, que la de clientes.
Además, para colmo, tenemos al frente de “la empresa” a un equipo de incompetentes que no tienen ni idea de qué hacer para dar la vuelta a la tortilla.
Por último, y ya para terminar de desanimar, tenemos limitadas las herramientas de control de “la máquina” al pertenecer a la Unión Europea, ya que si estuviéramos fuera de la unión monetaria, probablemente hubiéramos devaluado nuestra ya maltrecha peseta para hacer al país más competitivo a costa de hacer a los ciudadanos más pobres pero, ¿a quién le importa si los españoles viajamos al extranjero o no?
El comportamiento de las divisas
La apreciación o depreciación de una moneda se debería producir de forma natural para compensar los saldos por cuenta corriente de unos países con otros. De esta forma, no sería difícil establecer matemáticamente la fórmula que relacionara unas divisas con otras para minimizar dichos saldos entre países en función del volumen de su comercio internacional, aunque hay que tener en cuenta que la apreciación o depreciación de una moneda afectará enormemente a la competitividad del país. Sin embargo, algunos países intervienen su moneda estableciendo unos cambios arbitrarios con respecto a alguna otra moneda que sea representativa en el ámbito del comercio internacional (como el dólar americano o el euro).
Un ejemplo claro de esta intervención la tenemos en la República China, la cual ha establecido una relación fija entre su Yuan y el Dólar Americano. De esta forma, China consigue que su país sea especialmente atractivo para la importación ya que mantiene sus precios a un nivel muy bajo. Por supuesto que al gobierno comunista Chino, poco le importa que el 99% de sus mil millones de habitantes no tengan capacidad financiera para tomar un café en Starbucks. ¡Mejor se quedan en casa currando que salir por ahí a “derrochar”!
Es un hecho que los países mayormente exportadores tienden a acumular divisas. Continuando con el ejemplo de China, la intervención de su moneda y el cambio fijo con respecto al dólar americano, agrava aún más esta acumulación de divisas (en este caso dólares). La situación, lejos de tener un control natural, es la de que China sigue siendo competitiva para el resto del mundo, exporta cada vez más y vuelve a acumular más divisas. Este hecho propicia que China sea uno de los países con más alto crecimiento del PIB y, en definitiva, se esté convirtiendo en la “fábrica del mundo”, lo cual hay que decir que no sólo beneficia a China, sino también a los intereses particulares de miles de empresas en todo el mundo.
Las presiones y las amenazas
El gobierno Chino recibe cada vez más presiones para que aprecie su Yuan, estableciendo su precio en un nivel que refleje el estado actual de su superávit en la balanza exterior ya que, en caso contrario, EEUU comprobaría como, poco a poco, China sigue comprando deuda americana y cualquier acontecimiento que afectara a la economía china, podría llegar a influir en la economía americana.
Hay muchos artículos sobre este tema y, en mi opinión, al final China tendrá que ceder a las presiones internacionales ya que son varias las alternativas que los distintos países pueden plantear contra actuaciones de intervencionismo como esta:
- Restringir las importaciones procedentes de aquel país.
- Establecimiento de aranceles que castiguen la competitividad China frente a otras economías.
- Fomentar una cultura de consumo de lo nacional frente a lo importado.
El tema es muy complejo y la extensión de este documento crecería demasiado si paráramos a analizar con detalle cada uno de los puntos. Sin embargo, pensando en que el lector tiene una idea bastante buena sobre los dos primeros, sí que me gustaría analizar brevemente el tercero en el caso especial de España.
Algunas pautas para el consumo en España (no todo ayuda)
Cuando un país importa más de lo que exporta, se debe a dos motivos fundamentales:
- No tiene suficientes materias primas para su producción (por ejemplo, petróleo o acero)
- No es competitivo en algunos sectores.
Mientras que la primera de las razones tiene difícil solución ya que depende de la riqueza de materias primas de un país (y España es rica en sol pero no en ciertas materias primas…), los estados sí pueden tratar de influir en la segunda.
Cuando hablábamos de qué consumo es el que nos interesa en la primera parte de este documento, aclararemos aquí que, si podemos elegir, debemos optar por el consumo de productos nacionales (o, al menos, de la comunidad europea) ¿Por qué? Porque aunque todo el consumo afecta al PIB, debemos prestar más atención al PNB (o prestarlo al mismo tiempo al PIB y a nuestra balanza exterior) y el consumo masivo de productos de importación perjudica nuestra balanza comercial (la razón es así de simple).
Además, el gobierno español debería fomentar la competitividad real (no podemos tratar de competir con países que tienen la moneda intervenida porque es imposible llegar a su nivel, pero sí con países que no la tienen y cuyo tipo de cambio refleja el estado de su economía internacional). Sólo tratando de ser competitivos podríamos situar nuestra economía en niveles más aceptables.
Como se indica en el título del documento, la verdadera crisis en el largo plazo es la de la competitividad. Los países que consigan una competitividad mayor en los diversos sectores (sin intervenir su moneda), serán indudablemente los líderes del mañana y los menos afectados por las crisis internacionales. En otras palabras, sin mucho maquillaje (intervencionismo), tenemos que conseguir ser “la novia más atractiva” (tener una buena relación calidad/precio en los productos que exportamos).
Con mucha probabilidad aquellos países que consiguen competitividad por medios artificiales, como China, entrarán en una profunda crisis cuando entren a competir en igualdad de condiciones con el resto de países.
Y, ¿Qué hacemos en España entonces?
Bueno, en primer lugar tenemos que echar del gobierno a los que no lo saben hacer. El pueblo español es la junta de accionistas de la empresa “España” y debemos sustituir no sólo al Consejero Delegado (Zapatero), sino a todo el consejo de administración ya que nuestra empresa no gana dinero.
Cuando entren los nuevos, les exigiremos fundamentalmente dos objetivos:
El primero es déficit presupuestario cero para lo cual ayudará
- Establecer cierto control sobre los beneficios sociales (subsidios de desempleo, subvenciones, etc.).
- Disminuir y establecer la política de gasto público en España (salarios establecidos para los distintos cargos, medios de transporte, etc.)
- Control constante del número de funcionarios y de la productividad de éstos.
- Controlar los gastos en I+D (si supiésemos en qué se va realmente buena parte de este dinero…)
Y un largo etcétera (no entraré en algunos jardines por prudencia).
Por otra parte, el segundo objetivo sería tener el saldo por cuenta corriente positivo (¡Qué difícil!). Bueno, al menos, conformémonos con tenerlo negativo en la misma proporción del PIB que nuestros colegas europeos (por supuesto hablo de Alemania, Francia, etc. y no de otros). De esta forma, las fluctuaciones de la moneda única irán acompasadas con nuestra economía (y no contra ella).
Un abrazo a todos.

Manolo, gran artículo, lo he releído y me ha vuelto a impresionar.
Felicidades y gracias!
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